El apagón masivo que afectó a gran parte del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) dejó al descubierto una realidad tan incómoda como inevitable: sin energía, los servicios esenciales también colapsan. Entre ellos, el suministro de agua potable, que fue advertido como uno de los más comprometidos tras el corte eléctrico.
Desde Aysa, la empresa prestadora del servicio, se informó que el sistema de producción y distribución de agua depende de manera directa de la electricidad, por lo que el apagón no solo impactó en el momento del corte, sino también en las horas posteriores, cuando la red debió ser restablecida de forma progresiva.
El apagón se produjo en medio de una jornada de calor extremo, cuando la demanda energética alcanzaba picos históricos. Como consecuencia, cientos de miles de usuarios quedaron sin luz, lo que derivó en un efecto dominó sobre otros servicios básicos.
Semáforos fuera de funcionamiento, comercios cerrados, hospitales operando con generadores y barrios enteros sin suministro eléctrico fueron parte del escenario que se vivió durante varias horas. Sin embargo, uno de los impactos más silenciosos fue el que comenzó a sentirse en las canillas.
Por qué el apagón afecta al servicio de agua
El sistema de agua potable funciona mediante plantas de potabilización, estaciones de bombeo y redes presurizadas, todas ellas alimentadas por energía eléctrica. Cuando el suministro se interrumpe, estos equipos dejan de operar automáticamente.
Desde la empresa de agua se explicó que:
- Las bombas de impulsión quedan fuera de servicio.
- La presión en la red comienza a descender.
- La reposición del sistema no es inmediata, aun cuando vuelve la electricidad.
En consecuencia, fue advertido que el servicio de agua podría verse afectado durante varias horas, e incluso más tiempo en algunas zonas.
Zonas con mayor riesgo tras el apagón
Si bien el impacto no fue uniforme, se indicó que los barrios ubicados en zonas altas y las localidades más alejadas de las plantas de bombeo suelen ser las primeras en sufrir baja presión o cortes temporales.
Entre los principales inconvenientes detectados se encontraron:
- Baja presión de agua en viviendas particulares.
- Falta total de suministro en edificios sin tanques de reserva.
- Demoras prolongadas en la normalización del servicio.
Estas situaciones fueron reportadas tanto en sectores de la Ciudad de Buenos Aires como en distintos municipios del conurbano bonaerense.
A diferencia de la electricidad, que puede restablecerse de manera casi inmediata, el sistema de agua requiere un procedimiento técnico más complejo. Las estaciones de bombeo deben ser encendidas de forma gradual para evitar daños en los equipos.
Posteriormente, la red debe volver a presurizarse de manera controlada. Este proceso implica que: el agua comience a circular lentamente, la presión se recupere de forma progresiva, se verifique el estado de válvulas y cañerías.
Por este motivo, fue aclarado que la normalización del servicio de agua no es instantánea, aun cuando la luz ya haya regresado.
El pedido clave: uso responsable del agua
Ante este escenario, fue realizado un llamado urgente a la población para que se adopte un uso responsable y solidario del agua potable. El objetivo es permitir que la red pueda estabilizarse sin un consumo excesivo que complique aún más la recuperación.
Entre las principales recomendaciones se destacaron:
- Priorizar el agua para consumo, higiene y alimentación.
- Evitar el lavado de autos, veredas y patios.
- No llenar piletas ni regar jardines.
- Reducir el tiempo de duchas y el uso innecesario.
Estas acciones, aunque simples, resultan fundamentales para que el servicio pueda restablecerse de manera equitativa en todos los hogares.
Más allá de lo técnico, el apagón dejó en evidencia una problemática social: la dependencia absoluta de la infraestructura energética para garantizar derechos básicos como el acceso al agua.
En edificios sin tanques, familias enteras quedaron sin posibilidad de cocinar, higienizarse o incluso hidratarse adecuadamente. En centros de salud, el funcionamiento debió sostenerse con sistemas de emergencia. En comercios gastronómicos, las pérdidas fueron inmediatas.
El apagón no solo apagó luces: apagó rutinas, actividades y certezas.
