Beermarket cierra sus 20 sucursales y sacude al mercado de bebidas en la Ciudad y zona norte

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La reconocida cadena de bebidas Beermarket quedó envuelta en una profunda crisis que terminó con el cierre total de sus 20 sucursales en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano norte bonaerense. La empresa, que fue operada por Distribuidora BTL SRL, se vio obligada a bajar las persianas en medio de un escenario financiero crítico, marcado por cheques rechazados por más de $191 millones y un endeudamiento bancario que habría superado los $1.900 millones.

Después de casi diez años de actividad sostenida y expansión comercial, el modelo que se había presentado como innovador dentro del retail de bebidas en Argentina terminó por desmoronarse. La totalidad del personal fue desvinculada y el impacto social del cierre comenzó a sentirse con fuerza en distintos barrios porteños y localidades del norte del conurbano.

Durante años, Beermarket fue posicionada como una propuesta diferencial dentro del sector. Su concepto estuvo inspirado en los tradicionales “liquor stores” de Estados Unidos, donde una amplia variedad de bebidas se ofrece bajo un mismo techo, combinando precios competitivos con promociones agresivas.

La experiencia de compra fue diseñada para romper con el esquema clásico de la vinoteca tradicional. Se priorizó la venta de combos promocionales, el impulso del consumo de cerveza en lata y la integración de distintas categorías —vinos, espirituosas, aperitivos y bebidas sin alcohol— en un mismo espacio comercial.

Sucursales fueron abiertas en zonas estratégicas como Florida, Victoria, Martínez, San Isidro y Beccar, además de más de diez barrios porteños. De esta manera, se logró una rápida expansión que posicionó a la marca como un actor relevante dentro del mercado minorista de bebidas.

Sin embargo, detrás de esa imagen de crecimiento sostenido, una estructura financiera frágil habría comenzado a deteriorarse silenciosamente.

El colapso financiero: cheques rechazados y deudas millonarias

El cierre de Beermarket no fue explicado oficialmente por la compañía en términos detallados, pero trascendió que el escenario económico habría resultado determinante. Se acumularon 40 cheques rechazados por un monto superior a los $191 millones, mientras que el pasivo bancario habría superado los $1.900 millones.

Parte de esa deuda fue clasificada en situación 4, considerada de alto riesgo de insolvencia, por más de $745 millones. Los compromisos financieros incluyeron créditos otorgados por entidades como Banco Supervielle, Banco Provincia y Bank of China.

Asimismo, se registraron deudas en situación 3 —categoría que implica problemas financieros— por alrededor de $300 millones con Banco Macro y Banco Galicia. A esto se sumaron compromisos en situación 2, bajo seguimiento especial, por más de $320 millones con Banco Santander y Banco Nación.

Este entramado de obligaciones financieras dejó en evidencia un nivel de endeudamiento que habría resultado insostenible en el actual contexto económico argentino, caracterizado por alta inflación, caída del consumo y fuerte presión sobre el crédito.

El impacto laboral: incertidumbre y reclamos por indemnizaciones

Uno de los aspectos más sensibles del cierre de Beermarket fue el impacto directo sobre sus trabajadores. Aunque en los inicios de la compañía se había informado una planta de 90 empleados, testimonios recientes indicaron que la nómina habría alcanzado cerca de 300 personas al momento del cierre.

La comunicación inicial fue realizada mediante un mensaje de WhatsApp en el que se informó que no debían presentarse a trabajar. Dos días después, se convocó al personal para comunicar formalmente la decisión empresarial.

Según trascendió, las indemnizaciones no habrían sido ofrecidas en su totalidad. Se argumentó que un Proceso Preventivo de Crisis habría sido iniciado por los dueños, con el objetivo de abonar únicamente el 50% de lo adeudado.

Una de las trabajadoras afectadas relató públicamente que durante los últimos meses ya se habían cerrado locales con menor nivel de ventas bajo el argumento de no renovar contratos de alquiler. Sin embargo, la magnitud de la crisis no habría sido anticipada por el personal.

En algunos casos, se ofrecieron acuerdos que equivalían a apenas dos sueldos básicos, incluyendo el mes en curso. La indignación fue generalizada, aunque parte del personal habría aceptado las condiciones ante la urgencia económica.