La Selección Argentina entregará la réplica de la Copa del Mundo durante la ceremonia oficial del sorteo del Mundial 2026, que se realizará en Washington D.C., como parte del protocolo de la FIFA para los equipos campeones defensores. Será un momento simbólico, de fuerte carga emocional, que marcará el inicio del camino hacia la próxima edición del torneo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
Como ocurre en cada ciclo mundialista, el campeón vigente debe ceder la réplica del trofeo antes del sorteo. En esta oportunidad, será el entrenador Lionel Scaloni quien ingresará con la copa para cumplir con este ritual histórico.
Se trata de una tradición que busca reforzar la transición entre un Mundial y el siguiente, y que permite, además, destacar la vigencia del campeón defensor frente a las demás selecciones. En este caso, Argentina volverá a ocupar un rol central tras la consagración en Qatar 2022.
La copa que será entregada no es el trofeo original, sino una réplica oficial que la FIFA entrega a cada campeón. El trofeo auténtico, de oro macizo, permanece protegido en la sede del organismo en Zúrich y no se traslada para eventos públicos debido a su altísimo valor y al protocolo de seguridad.
Por qué se utiliza una réplica y dónde se guarda la original
La Copa Mundial de la FIFA original es una pieza única: pesa más de 6 kilos, mide 38 centímetros y está confeccionada en oro de 18 quilates, montada sobre una base circular decorada con malaquita. Debido a su valor histórico y económico, la FIFA solo permite que sea manipulada bajo estrictas condiciones.
Por ello, los campeones reciben una réplica idéntica en forma y tamaño, con la diferencia de que en la base figura únicamente el nombre del país ganador, sin incluir los grabados de las ediciones anteriores.
Esta política de conservación se implementa desde la década del ’70, cuando el trofeo actual reemplazó a la Copa Jules Rimet, que había sido adjudicada definitivamente a Brasil.
Una ceremonia clave rumbo a la Copa de Mundo 2026
El sorteo del Mundial 2026 será uno de los eventos más relevantes del calendario deportivo de este año. La Argentina integrará el Bombo 1, condición que la ubica entre las potencias principales y le permitirá evitar a selecciones de peso como Francia, Brasil o Inglaterra en la fase de grupos.
La ceremonia en Washington será también el escenario en el que se oficializarán los cruces, la composición completa de los grupos y el camino que deberá recorrer cada selección.
Para Argentina, que llega como campeona vigente, se tratará de una vidriera internacional de primer nivel, en la que estará nuevamente bajo los focos del mundo futbolero.
Uno de los momentos más esperados será la aparición de Lionel Scaloni portando la réplica del trofeo. El entrenador, que lideró la histórica consagración en Qatar, será el representante argentino elegido por la FIFA para realizar la entrega protocolar.
Este tipo de intervenciones suelen estar cargadas de emotividad, ya que reflejan la continuidad del legado reciente y la responsabilidad que implica defender el título.
La presencia del técnico campeón también reforzará el mensaje institucional del seleccionado en un momento clave para el proyecto deportivo.
Aunque se trate de una réplica, la entrega del trofeo representa un acto de enorme relevancia simbólica. Para los aficionados argentinos, volver a ver la copa en manos de un representante nacional, aun en un contexto ceremonial, es un recordatorio de la conquista reciente y de la identidad futbolística reconstruida en los últimos años.
Para la FIFA, en cambio, se trata de una puesta en escena que refleja la continuidad del campeonato y el inicio formal de una nueva Copa de Mundo, esta vez con un formato ampliado que sumará más equipos y más partidos.
Un Mundial diferente, con Argentina como protagonista
La edición 2026 será la primera en disputarse con 48 selecciones, un cambio que transformará por completo el desarrollo del torneo. El nuevo sistema incluirá más grupos, mayor cantidad de sedes y un calendario que se extenderá durante varias semanas.
En ese contexto, la Argentina arrancará el Mundial como campeón defensor, una condición que siempre genera expectativas y presión, pero que al mismo tiempo refuerza su estatus de potencia internacional.
El acto de entregar la réplica de la copa será, entonces, el primer capítulo de una historia que volverá a poner al combinado nacional en el centro de la escena.
