El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, volvió a dejar en claro cuál será la estrategia cambiaria del Gobierno en los próximos meses. En declaraciones recientes, explicó por qué no habrá flotación libre del dólar, qué busca con el esquema de bandas y cuál es el límite que el oficialismo no está dispuesto a cruzar.
En medio de la expectativa por la evolución del tipo de cambio, Caputo habló sin rodeos: “No queremos que el dólar se vaya a cualquier lado”, señaló, al explicar que el Gobierno mantendrá un esquema de bandas cambiarias que permita cierta flexibilidad, pero sin perder el control.
El ministro insistió en que la libre flotación no es una opción viable para la Argentina actual, porque podría derivar en movimientos bruscos y desestabilizadores. “Si mañana el dólar se va a 1.700 pesos, no ganamos nada. Solo generamos incertidumbre y perjudicamos a la economía real”, sostuvo.
Según Caputo, el objetivo no es fijar un precio único, sino permitir que el mercado funcione dentro de un rango razonable, evitando los extremos que podrían dañar tanto la competitividad como el poder adquisitivo.
Por qué el Gobierno descarta la flotación libre
El ministro explicó que una política de flotación libre podría ser útil en un contexto de estabilidad institucional y monetaria, pero no en una economía como la argentina, marcada por la desconfianza y la volatilidad.
“Una flotación total solo funciona cuando la demanda de dinero está consolidada. Hoy no tenemos esas condiciones”, afirmó Caputo.
El titular del Palacio de Hacienda consideró que el régimen actual de bandas “brinda previsibilidad” a empresas, consumidores e inversores. De este modo, se busca evitar lo que ocurrió en 2019, cuando una política de tipo de cambio más laxa derivó en una corrida cambiaria y una fuerte devaluación tras las elecciones primarias.
Un equilibrio entre estabilidad y competitividad
Caputo también advirtió que un dólar demasiado bajo puede ser tan perjudicial como uno descontrolado. “Si el tipo de cambio cae por debajo del piso de la banda, afecta a los exportadores y a la producción nacional”, explicó.
Por eso, el ministro se mostró “cómodo con cualquier valor dentro de la franja establecida”, siempre que el movimiento no rompa los márgenes previstos por el Banco Central.
En su visión, la competitividad y la estabilidad deben ir de la mano: un dólar estable favorece la inversión, la planificación empresarial y el crecimiento sostenido, mientras que la previsibilidad cambiaria refuerza la confianza del mercado.
En otro tramo de sus declaraciones, Caputo aseguró que la economía argentina ya muestra indicios de recuperación, impulsada por la calma en los mercados y las primeras reformas estructurales del Gobierno.
El ministro proyectó que el PBI podría crecer entre un 5 % y un 6 % en 2026, aunque reconoció que, con un impulso más fuerte del sector privado, podría alcanzarse incluso un 7 % o 8 %.
“Estamos viendo una mejora gradual. El país está dejando atrás el caos macroeconómico, y eso se refleja en el nivel de confianza y en las expectativas del mercado”, indicó.
Caputo sostuvo que el crecimiento será sostenible solo si se mantiene la disciplina fiscal, se reducen los impuestos y se fortalece la inversión privada. “El Estado debe ser un facilitador, no un obstáculo”, resumió.
Un mensaje a la sociedad y al sector privado
El ministro buscó transmitir tranquilidad tanto a la ciudadanía como a los empresarios. “El argentino necesita saber que su salario no se va a licuar de un día para otro. Y el inversor, que no habrá un salto cambiario intempestivo”, afirmó.
Desde el Palacio de Hacienda insisten en que el dólar no será utilizado como herramienta electoral ni como variable de ajuste. En cambio, la meta es consolidar una política cambiaria sostenible, transparente y previsible.
Caputo también remarcó que las provincias tienen un rol clave en el proceso de estabilización, apoyando las reformas estructurales que el Gobierno impulsa. “Esto no es solo responsabilidad del Ejecutivo nacional. Todos deben contribuir a sostener el rumbo”, enfatizó.
