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Pobreza infantil: niveles alarmantes, desigualdad territorial y políticas de contención

Durante el primer semestre del año 2024, la pobreza infantil en Argentina alcanzó su pico más alto desde la crisis del 2001. Más del 67 % de los niños, niñas y adolescentes del país se encontró por debajo de la línea de pobreza. Esta realidad dejó expuesta la magnitud del impacto económico sobre los sectores más vulnerables, especialmente en un contexto de alta inflación, caída del poder adquisitivo y ajuste fiscal. A pesar de una leve mejora en el segundo semestre, el drama social sigue latente.

Un crecimiento marcado por la inflación y el deterioro del ingreso

El avance de la pobreza infantil se explicó, en gran parte, por una inflación que superó el 60 % en los primeros seis meses del año y por la pérdida del poder de compra en los hogares. Se registró una reducción significativa del ingreso disponible, con recursos familiares que quedaron muy por debajo del costo de la Canasta Básica Total. Las familias con niños fueron las más afectadas por el deterioro de las condiciones económicas.

Leve mejora hacia fin de año, pero sin cambios estructurales

En el segundo semestre, una relativa estabilidad de precios y la actualización de programas sociales permitieron reducir el índice de pobreza infantil al 52,8 %. Sin embargo, esta mejora fue parcial, y no logró revertir el daño acumulado. La recuperación fue desigual, tanto por regiones como por grupos sociales, lo que evidenció la necesidad de una estrategia más sólida y federal.

Profunda desigualdad territorial en la pobreza infantilRegiones más golpeadas

Las provincias del norte argentino, como el NOA y el NEA, presentaron los niveles más críticos. En varias ciudades, los porcentajes de pobreza infantil superaron el 70 %, mientras que en otras se ubicaron por debajo del promedio nacional. Esta diferencia marcó una fuerte brecha entre zonas urbanas consolidadas y regiones históricamente postergadas.

Mejoras en el centro y la Patagonia

En regiones como el AMBA, el centro del país y la Patagonia, la pobreza infantil logró reducirse de manera más sostenida durante la segunda mitad del año. Ciudades como Mar del Plata, Bahía Blanca o Neuquén mostraron mejores indicadores. Estas mejoras se atribuyeron a una mayor presencia del Estado y mejores condiciones del mercado laboral local.

Persistencia de disparidades

En algunos aglomerados urbanos, la pobreza infantil llegó al 75 %, mientras que en otros apenas superó el 25 %. Esta variación confirmó que el problema no puede ser abordado con medidas homogéneas, sino que requiere respuestas adaptadas a cada territorio.

Dos políticas sociales que funcionaron como contención

La Asignación Universal por Hijo (AUH)

El incremento de la AUH a lo largo del año permitió sostener parcialmente el ingreso de los hogares más empobrecidos. Con aumentos importantes en enero, marzo y junio, esta prestación se transformó en uno de los principales amortiguadores frente al deterioro económico. A pesar de las dificultades, su continuidad evitó que muchas familias cayeran aún más en la indigencia.

La Tarjeta Alimentar como complemento

El refuerzo y la ampliación de la Tarjeta Alimentar fueron medidas clave para garantizar el acceso a alimentos básicos. Su implementación, dirigida a familias con hijos menores de edad, ayudó a mejorar la alimentación infantil en un contexto crítico. Junto a la AUH, estas políticas sociales demostraron que la intervención del Estado puede hacer la diferencia.