Un conflicto laboral se desató en el frigorífico Ecocarnes, ubicado en Virreyes, partido de San Fernando, donde los trabajadores iniciaron un paro en reclamo por el pago completo de sus salarios. La medida de fuerza fue adoptada después de que se acreditaran montos inferiores a los correspondientes y en medio de una creciente incertidumbre por la situación financiera de la compañía, anteriormente conocida como Cocarsa.
La protesta derivó en la paralización de las tareas dentro del establecimiento y en el bloqueo de camiones que transportaban animales. Según denunciaron los empleados, los vehículos iban a ser trasladados a otro frigorífico para continuar con la faena, mientras permanecían pendientes las obligaciones salariales con el personal de la planta de Virreyes.
El escenario generó preocupación entre los trabajadores y sus familias, especialmente por los antecedentes de despidos y las dificultades económicas que atraviesa la firma. El reclamo ya no está limitado al cobro de los haberes adeudados: también está relacionado con la continuidad de los puestos de trabajo y el futuro de la actividad industrial.
La situación tiene impacto en San Fernando y en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, donde el funcionamiento del establecimiento representa una fuente de empleo para numerosas familias.
El conflicto se inició después de que los trabajadores recibieran depósitos de $500.000 por empleado, una suma que, según los testimonios recogidos, no alcanzó para cubrir la totalidad de los salarios correspondientes.
El porcentaje abonado habría variado según la remuneración de cada trabajador. Uno de los empleados, que pidió mantener su identidad en reserva por temor a posibles represalias, explicó que el dinero recibido representaba aproximadamente el 75% de su quincena. Sin embargo, otros compañeros habrían percibido apenas la mitad de los montos que debían cobrar.
Ante la falta de una cancelación completa de los haberes, las tareas fueron suspendidas y los trabajadores permanecieron en el establecimiento a la espera de una respuesta de la empresa.
De acuerdo con el testimonio de uno de los empleados, desde la compañía se habría argumentado que la situación financiera era crítica y se habría propuesto completar los pagos mediante un esquema de cuotas. Esa alternativa, según lo relatado, habría estado condicionada al levantamiento de la protesta.
La propuesta no habría sido aceptada por los trabajadores, quienes señalaron que sus compromisos económicos no pueden ser postergados de la misma manera que los pagos salariales.
“Yo debo plata porque no me alcanza el sueldo y pido prestado, me dan fiado. No puedo devolver en cuotas”, expresó uno de los empleados al describir las dificultades que atraviesa para afrontar los gastos cotidianos.
El pago parcial de los salarios se convirtió en el detonante de una protesta que expuso la falta de certezas sobre cuándo se regularizarán los ingresos. Para los trabajadores, la situación afecta directamente la posibilidad de cumplir con obligaciones básicas, como el pago de deudas y los gastos familiares.
Hasta el momento de los testimonios difundidos, no se había informado un acuerdo que permitiera destrabar el conflicto y garantizar el cobro de los montos pendientes.
La medida de fuerza se intensificó cuando, según denunciaron los trabajadores, se intentó retirar animales de la planta de Ecocarnes para trasladarlos a otro establecimiento frigorífico, donde se realizaría la faena.
Frente a esa situación, los empleados bloquearon la salida de los camiones como parte de su reclamo. La decisión profundizó las tensiones en el lugar, donde las actividades ya se encontraban paralizadas por el conflicto salarial.
Uno de los trabajadores manifestó que comprendía la necesidad de trasladar a los animales para preservar su bienestar. Sin embargo, cuestionó que se buscara mantener la actividad productiva en otra planta mientras no se habían cancelado los salarios del personal afectado.
“No tiene plata para pagar sueldos, pero sí para faenar en otro frigorífico”, reclamó el empleado.
El planteo refleja el malestar que se generó entre los trabajadores frente a la posibilidad de que parte de la actividad fuera derivada a otro establecimiento sin que, previamente, se resolvieran las obligaciones con quienes se desempeñan en Virreyes.
Durante los testimonios, los camiones permanecían cargados y la actividad continuaba interrumpida. No se había comunicado la existencia de un acuerdo entre la firma y sus empleados.
La situación también dejó en evidencia la preocupación por el funcionamiento de la planta y por las decisiones que podrían adoptarse en caso de que las dificultades económicas se profundizaran.
