Spa-Francorchamps no es un circuito más del calendario de la Fórmula 1. Es un ícono del automovilismo, un templo de la velocidad… y también un escenario marcado por la tragedia. En cada edición del Gran Premio de Bélgica, la historia, la emoción y el peligro se entrelazan en un trazado que, para muchos, combina la belleza de las carreras con un alto costo: la vida.
Ubicado en medio de las colinas de las Ardenas, Spa-Francorchamps es considerado uno de los circuitos más desafiantes y peligrosos del mundo. Desde su inauguración en 1921, ha sido escenario de 49 muertes, convirtiéndolo en el más mortal del automovilismo. La cifra, estremecedora, resume una historia plagada de momentos trágicos que siguen resonando en el paddock.
El circuito actual, de 7 kilómetros y 19 curvas, conserva varias zonas de altísimo riesgo, como la mítica combinación Eau Rouge-Raidillon, que exige una precisión milimétrica a altísima velocidad. Basta con un pequeño error para que un auto quede completamente expuesto a un impacto devastador.
El accidente de 2019: una tragedia que aún duele
El 31 de agosto de 2019, en plena carrera de Fórmula 2, el joven piloto francés Anthoine Hubert, de apenas 22 años, perdió el control de su monoplaza tras tocarse con otro competidor. Su auto golpeó el muro de contención y, segundos después, fue brutalmente embestido por el ecuatoriano-estadounidense Juan Manuel Correa, quien venía sin visibilidad en plena aceleración. El impacto fue de tal magnitud que Hubert falleció casi en el acto.
La escena heló la sangre en el paddock. Los pilotos de Fórmula 1 estaban en el circuito, preparándose para el Gran Premio del día siguiente, cuando llegó la noticia. La conmoción fue total. Pierre Gasly, amigo íntimo de Hubert, lloró desconsolado. Charles Leclerc, otro de los cercanos al francés, ganó al día siguiente y le dedicó la victoria.
Desde entonces, cada año, Gasly realiza una caminata en soledad por la pista para homenajear a su amigo. “Es algo que necesito hacer”, dijo recientemente. La muerte de Hubert sigue marcando emocionalmente a varios pilotos de la actual generación.
Spa tiene una particularidad climática: puede llover en un sector mientras otro permanece seco. Esta variabilidad, sumada a las altas velocidades del trazado, genera situaciones extremadamente peligrosas. No son pocos los pilotos que han perdido el control del auto debido a un súbito cambio de condiciones.
En 2021, el británico Lando Norris sufrió un aparatoso accidente durante la clasificación, bajo lluvia intensa, en la curva Raidillon. Su auto quedó destrozado, aunque milagrosamente salió ileso. Ese mismo año, la carrera principal fue suspendida por seguridad, luego de apenas dos vueltas detrás del auto de seguridad.
¿Qué se ha hecho para mejorar la seguridad?
Tras la muerte de Hubert, la FIA aceleró reformas en Spa. Se ampliaron las zonas de escape en puntos críticos, se reforzaron las barreras de contención y se modificó el ángulo de varias curvas para reducir el riesgo de colisiones frontales o rebotes fatales.
Además, el uso del halo —dispositivo que protege la cabeza del piloto— se ha demostrado vital. Correa, quien sobrevivió al accidente de 2019 pero sufrió múltiples fracturas, aseguró que sin el halo, “hoy no estaría vivo”.
A pesar de todo, muchos pilotos siguen considerando a Spa como el trazado más desafiante del calendario. Su combinación de historia, adrenalina y tragedia lo convierten en un escenario único.
Franco Colapinto, presente en el homenaje
Este año, con la llegada del argentino Franco Colapinto a la Fórmula 1 de la mano de Alpine, el GP de Bélgica tuvo también una cuota emotiva para el público sudamericano. En su primera visita a Spa como piloto titular, Colapinto participó de los actos de homenaje a Hubert junto a Pierre Gasly.
Durante la jornada de clasificación, bajo lluvia, Colapinto mostró personalidad en uno de los escenarios más difíciles del mundo. Aunque los resultados aún no lo acompañan, su presencia en Spa representa un símbolo: la nueva generación de pilotos también carga con el recuerdo de quienes ya no están.
Un legado imborrable
Spa-Francorchamps sigue siendo una parada obligatoria en la Fórmula 1, no solo por su belleza y tradición, sino por el respeto que impone. Cada piloto que acelera en sus curvas sabe que no está solo. Lleva en la memoria a los que cayeron allí.
El “circuito de la muerte” no lo es solo por sus estadísticas fatales, sino porque, a pesar de todo, sigue vivo en la pasión de los que lo recorren. Un templo que combina emoción, historia, y un recordatorio permanente de que la velocidad, muchas veces, tiene un precio muy alto.
