Andrés Rodríguez, el niño que representará a Argentina en un proyecto de concientización ambiental

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Apenas comenzamos la entrevista, ya se podía sentir la ternura de Andy y su mamá, Tamar. Mientras él hablaba, ella lo miraba con un orgullo que parecía llenar todo el espacio.

Andy tiene 11 años y asiste en turno mañana a la Escuela Juan Bautista Alberdi de la localidad de El Talar. Este año participó de un proyecto impulsado por la empresa Veolia, en el marco de un programa educativo y de sensibilización ambiental destinado a niños y niñas de 10 y 11 años de escuelas públicas de las comunidades donde la empresa está presente en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Panamá, Ecuador, México y Perú.

La propuesta busca impulsar la transformación ecológica desde la edad escolar, acercando a los estudiantes distintas temáticas ambientales y promoviendo la creación de proyectos innovadores que los motiven a convertirse en agentes de cambio dentro de sus comunidades.

En esta edición, el proyecto se llamó “Guardianes del Agua” y tuvo como eje principal el cuidado de este recurso. El desafío consistió en diseñar una propuesta creativa que pudiera llevarse a cabo para contribuir a su cuidado y garantizar un futuro sostenible. La presentación debía incluir un informe escrito y un video en el que los estudiantes explicaran su proyecto.

Fue en ese marco que Andy decidió poner en marcha una idea propia, que finalmente se convirtió en el proyecto ganador. Su propuesta surgió a partir de una conversación con su mamá, quien le contó que, en la comunidad donde creció, muchas personas podían pasar varios días sin agua.

“Aproximadamente, el 97% del agua es salada y no se puede consumir directamente. Del pequeño porcentaje de agua dulce que existe, la mayoría está o en glaciares o bajo tierra, entonces es muy poco posible que los humanos podamos consumirla. Esto hace que el agua potable sea un recurso muy escaso y muy valioso. Por eso, hay que cuidar la poca agua potable que tenemos”, destacó.

A partir de esa preocupación, Andy pensó en una manera de generar conciencia sobre el cuidado del recurso hídrico a través de minijuegos y dinámicas interactivas. Su propuesta parte de la idea de que, mediante este tipo de actividades, los niños pueden involucrarse de una manera más dinámica en el aprendizaje y convertir pequeñas acciones cotidianas en un desafío compartido.

En su creación, cada misión completada otorga una gota virtual, que funciona como punto y como indicador de la cantidad de agua cuidada. Los participantes pueden cumplir pequeñas misiones, como cerrar la canilla, hacer duchas más cortas o avisar si encuentran una pérdida. Cada acción suma una gota a un mural y, a medida que se acumulan, pueden desbloquearse nuevas posibilidades dentro del juego y acceder a recompensas reales.

“El sistema incluye progresión: al principio habría pocas misiones y, al alcanzar determinada cantidad de gotas —por ejemplo 50— el jugador podría elegir entre obtener más gotas por misión o desbloquear más misiones”.

El proyecto finalmente fue elegido como ganador. Andy recibió la noticia con enorme alegría, aunque también pensó en quienes habían participado junto a él y en el esfuerzo que cada uno había hecho.

«Me sentí extasiado de haber ganado; súper feliz. Pero también un poco triste por la otra chica que había viajado con la maqueta y no ganó”.

Más allá del reconocimiento y del viaje académico a Brasil, Andy destaca especialmente la experiencia compartida con quienes participaron de la iniciativa. “Todos eran muy tiernos y con esperanza”, recuerda, con una expresión que deja ver cuánto significó para él ese encuentro.

La experiencia también le permitió descubrir nuevos intereses y proyectarse en distintos ámbitos. Todavía no decidió qué profesión quiere seguir, pero ya desarrolla varios proyectos. Actualmente está preparando un canal de YouTube sobre videojuegos, donde planea grabar partidas, editarlas y publicar varios videos por semana, especialmente los martes y jueves.

También actuó y disfruta de todo lo relacionado con el entretenimiento, aunque dejó de asistir a las clases porque quedaban lejos. Su curiosidad y sus ganas de crear aparecen así en distintos espacios, desde los videojuegos y la actuación hasta una propuesta pensada para cuidar uno de los recursos más importantes del planeta.

Mientras se prepara para todo lo que viene, continúa imaginando nuevos proyectos y descubriendo aquello que le interesa.

Esta vez, una gota fue el punto de partida. Y Andy logró convertirla en una idea capaz de recordar que, cuando muchas personas suman pequeñas acciones, pueden generarse grandes cambios y suceder grandes cosas.